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martes, 15 de noviembre de 2016

LA COORDINACIÓN EN EL FÚTBOL

El entrenamiento de coordinación y el deporte de rendimiento

No todos los niños pueden ser jugadores excepcionales; sin embargo, a través de una promoción sistemática y cualificada de muchos jóvenes jugadores pueden aparecer las bases necesarias para que los talentos presentes tengan la oportunidad de desarrollar su potencial.
No sólo el Ajax de Amsterdam, sino ambién algunos equipos de la Bundesliga, como por ejemplo el Schalke 04, han
organizado para sus jóvenes desde hace tiempo un entrenamiento de coordinación general y específico para el fútbol, porque se ha reconocido que las capacidades de coordinación son una condición del rendimiento para la consecución de un rendimiento máximo.
Un entrenamiento de coordinación general y versátil forma parte en todo caso de la formación básica de los jóvenes futbolistas; sin embargo, la necesidad de un entrenamiento suplementario de coordinación se extiende a todos los niveles y edades. Según sea el nivel y la edad de los grupos van cambiando los puntos principales y los objetivos. Mientras que, por ejemplo, los niños de nueve años
necesitan de ejercicios de movimientos lo más versátiles posibles incluidos en el entrenamiento de coordinación general, los futbolistas de competición deberían utilizar técnicas de fútbol contenidas en el ámbito del entrenamiento de coordinación bajo diferentes circunstancias (por ejemplo, bajo presión ejercida por el tiempo o por la situación en el juego).

Coordinación como base del éxito

Es necesario un gran número de músculos para que el cuerpo pueda realizar movimientos rápidos, con fuerza y resistencia. Por ello los músculos de los futbolistas deberían ser controlados por un sistema nervioso muy desarrollado. El trabajo conjunto de la musculatura esquelética y el sistema nervioso central está regulado mediante procesos corporales y controla todo lo que está relacionado con el concepto de la coordinación. El significado de coordinación es sin embargo mucho más amplio.

Básicamente se trata del aprendizaje, conducción y adaptación de los movimientos.
Los futbolistas deberían estar en situación de aprender rápidamente las nuevas técnicas y dirigirlas de manera económica y precisa, adaptándose a situaciones impredecibles. Los jugadores que tienen una buena coordinación dominan, a pesar de hallarse bajo la presión de un contrario o en un espacio reducido (presión espacial), los movimientos deportivos aprendidos.

Capacidades coordinativas

Antes de que nos refiramos al entrenamiento de las capacidades de coordinación, tendríamos que dedicarnos de manera crítica a las siguientes preguntas:
• ¿Existen capacidades superiores que sirvan para todas las modalidades y actividades deportivas?
• ¿Se determinan los tiempos de reacción en el atletismo, en el fútbol y en los tests de velocidad de reacción con máquinas electrónicas, a través de una sola, y siempre la misma, capacidad?
• ¿Está estrechamente relacionado el equilibrio sobre una tabla de surf con la exigencia de equilibrio de un futbolista?
Hay dudas justificadas sobre la existencia de capacidades que se puedan entrenar de manera completamente independiente de la modalidad deportiva que se desee practicar (comparar con Neumaier 1999, páginas 93 y siguientes). Las complejas reacciones en un partido de fútbol con sus muchos componentes perceptivos y particularidades (posibilidades de anticipación) no se puede comparar con la reacción ante una simple señal, como el disparo de salida, o del llamado
"test de la caída del listón". Por ello las capacidades de coordinación no deberían separarse de los requisitos y de las necesarias exigencias para mejorar la modalidad deportiva.
¿Qué capacidades de coordinación son especialmente importantes para los futbolistas?
• Una capacidad de orientación espacial (por ejemplo, la comprensión de la propia posición en el campo en relación con los jugadores del propio equipo y de los contrarios, incluso después de los giros).
• Una capacidad de diferenciación anestésica (por ejemplo, el toque del balón). la capacidad de equilibrio (por ejemplo, la estabilidad del cuerpo a pesar del acoso de un contrario).
• La capacidad de reacción (por ejemplo, la rápida reacción en un despeje del portero con un tiro a puerta con éxito).
• La capacidad de ritmo (por ejemplo, una salida explosiva después de un salto de cabeza o el regate elegante después de una finta).
En la literatura especializada en estos temas se nombran a menudo también las siguientes capacidades y componentes de coordinación, a las que también aquí nos referiremos:
• Capacidades de adaptación y de reorganización motriz.
• Capacidad de acoplamiento y de combinación.
• Sensación del movimiento.
• Elasticidad.
• Capacidad de anticipación.
• Capacidad de almacenamiento motor.

Entrenamiento de coordinación en el fútbol

¿Cómo se pueden entrenar todos estos componentes? ¿Qué consecuencias tienen en el entrenamiento de los futbolistas? La coordinación del movimiento contiene una gran componente de percepción, de imaginación del movimiento (intuición en el pensamiento, anticipación en los cambios) así como de concentración.
En el entrenamiento general de la coordinación los niños deberían aprender lo antes posible a mover el cuerpo con precisión. Cuanto más versátiles sean los movimientos en la niñez, mejor podrán manejar los futbolistas su musculatura con ayuda del sistema nervioso. Se pueden encontrar muchos ejemplos de ejercicios en el apartado correspondiente a "Entrenamiento general de coordinación" a
partir de las próximas páginas. En la elaboración del entrenamiento hay que observar sobre todo una cosa: el entrenamiento de coordinación "no es una repetición estereotipada, distraída y sin sentido de los movimientos, sino que representa una actividad concentrada, variada y motivadora" (Neumaier 1999, 87).
A mayor edad y con la creciente capacidad de rendimiento de los futbolistas la parte del entrenamiento de coordinación específica para el fútbol debería ser más extensa. Las condiciones del juego en los deportistas deberían estar cada vez más cerca del entrenamiento de coordinación. Importante: después de un entrenamiento básico alternado con ejercicios de coordinación general, los futbolistas deberían, en lodos los casos, completar su entrenamiento efectivo de coordinación con movimientos específicos de fútbol (técnicas) en circunstancias más complicadas.
Esto significa concretamente que los jugadores utilizan las técnicas ya dominadas intercalándolas con ejercicios suplementarios, esfuerzos o en circunstancias cambiantes. El entrenador podría, por ejemplo, ordenar la realización de pasos de diferente longitud y frecuencia con ayuda de listones o aros antes o después de la aplicación de las técnicas futbolísticas o poner bajo presión de tiempo
a los jugadores. En el apartado "Entrenamiento de coordinación especial para los futbolistas" se trata este tema ampliamente.

Resumiendo: la coordinación es una capacidad necesaria para lograr un rendimiento con éxito en el deporte y debería por ello tener un valor especial dentro del entrenamiento!
Peter Schreiner

PSICOLOGÍA Padres frustrados

PADRES FUSTRADOS.

Los tiempos han cambiado. Años atrás, las autoridades eran sagradas. Una regañina del profesor no se quedaba en la clase, sino que el disgusto se trasladaba a casa, con una segunda reprimenda, esta vez del padre. Ahora, el último es capaz de acudir al colegio a encararse con el maestro.
Por suerte, esto no ocurre en todos los casos, así como este artículo no pretende generalizar, aunque obviar el tema de este escrito sería un ataque de necedad. En el mundo del fútbol, una de las autoridades son los entrenadores, maestros tanto de pequeños como de mayores. Es cierto que algunos enseñan menos que un programa de Telecinco (en los colegios abundan estos entrenadores que no saben ni que un balón es redondo), aunque eso no exime de saber que el que manda es el técnico de turno. Todo esto lo comentábamos hace un tiempo con Fran Fernández. El técnico almeriense nos contaba casos de padres que le llamaban para pedirle explicaciones de por qué su hijo no jugaba el partido entero o por qué no entraba en la convocatoria. El esfuerzo de los padres es alto, haciéndose kilómetros y más kilómetros para llevar a su retoño a los distintos entrenamientos y partidos. Eso no lleva implícito el pensamiento y el hecho -las manos actúan a veces- de que tu hijo es el mejor y que va a vivir de esto. Lo primero que hay que conocer es que de cada mil llega uno a la élite.
O de cada un millón. Lo importante es que el niño se divierta. Una vez conocido esto, lo mejor es que el padre no se meta en las decisiones de los que mandan: los entrenadores. A algunos, o muchos, esto se les olvida. Y ocurre por la frustración que tienen. Quieren que su hijo llegue hasta donde ellos no pudieron. El agua debe fluir sola para que el niño con cualidades llegue al mejor puerto. En el momento en el que el padre empuja, algo falla. Generalmente, el que triunfa lo hace rodeado de un buen ambiente familiar. Eso sí, triunfar no tiene que ser la meta de quienes le dan patadas al balón, sino divertirse, por muy tópico y frase moña que suena. El cacareo de los padres alcanza su clímax en los partidos, insultando al colegiado de turno y situando a los diferentes jugadores, como si estuvieran jugando con el mando de la videoconsola. Y no sólo mandan a su hijo, sino a los otros. Regañar o decirle lo que tiene que hacer a Gustavo con el padre de éste al lado es, simplemente, vergonzoso. Está bien animar a los jugadores, incluso situarlos desde la perspectiva que da la altura de la grada, aunque todo tiene su límite. Uno de los mejores momentos de la semana es cuando el que suscribe ve, con mis amigos, al Oriente senior, de Primera Andaluza. Hay ánimos a los nuestros e incluso algo de presión al rival, pero sin pasarse. Los que juegan son los que están en el césped, algo que parece olvidar ciertos padres. Padres de niños de cinco años, de diez, o de treinta. Lo último es otro de los aspectos vergonzosos del balompié. Es prácticamente imposible que un tuercebotas que roza la treintena de años y que está en Preferente juegue en Segunda o en Primera; a pesar de ello, muchos familiares creen en la utopía, no sé por qué extraña razón. Toda esta fauna es uno de los cánceres del fútbol. Esto hay que cambiarlo sí o sí, educando a los padres, al igual que se educa a los niños. A veces, los últimos son el ejemplo, tal y como ocurrió la pasada temporada en un partido de niños en Canarias, cuando Alejandro, un chico de cinco años, separó a su entrenador y al árbitro. Eso sí, el balompié es bonito, no es sólo violencia como piensan otras madres y padres, situados en el otro extremo, que prefieren que su niño no juegue al fútbol, para que no se contagien de esto. Ni lo uno ni lo otro. 

Fuente: Nico García